Jumper
Jumper En los días siguientes, comenzó a mover piezas. Cambiaba de lugar cada dos días, siempre atento a los rostros y los patrones. Había alguien ahí afuera, rastreándolo, y aunque no sabía quién era, sabía lo que querían: controlarlo.
Pero Davy tenía algo que ellos no: libertad. Y por primera vez, comenzó a planear cómo usarla para mantenerse un paso adelante.
—Si quieren atraparme —murmuró, mirando las olas romper contra las rocas—, tendrán que aprender a saltar.
La persecución no había terminado. Solo estaba empezando.
El viento cortante en lo alto del rascacielos azotaba a Davy mientras observaba la ciudad iluminada bajo sus pies. Había saltado allí, buscando altura y distancia, un lugar desde donde pudiera pensar claramente. Pero la verdad era que ya no tenía a dónde correr. Ellos lo estaban acorralando.
Los Ellos. A esas alturas, no importaba quiénes eran: policías, agentes del gobierno, o algo más oscuro. Lo único que sabía era que cada salto los acercaba más. Cada vez que aparecía en algún lugar, no pasaban más de un par de días antes de que las miradas fijas y los pasos calculados comenzaran a rodearlo.
