Jumper
Jumper —Tenemos preguntas, y estoy segura de que tú también. Esto no tiene que terminar mal.
Davy la miró fijamente. Su mente trabajaba a toda velocidad, buscando un escape. Si habían logrado bloquear su poder, su ventaja había desaparecido. Pero aún tenía algo: el deseo de seguir luchando.
Respiró hondo, mirando a la mujer y a los hombres que lo rodeaban. Tal vez esta era una batalla que no podía ganar. Pero si iban a atraparlo, no sería sin resistencia.
—¿Crees que puedes controlarme? —dijo, con una sonrisa desafiante.
Y entonces, contra toda lógica, saltó otra vez.
Cuando Davy abrió los ojos, sintió el aire cálido en su rostro. Estaba de pie en un desierto infinito, con un cielo pintado de tonos anaranjados y rojos, como si el sol estuviera atrapado en un amanecer eterno. Se tambaleó, casi cayendo de rodillas. Algo estaba mal. El salto había sido diferente, más violento, como si cada fibra de su ser hubiera sido desgarrada y luego reconstruida.
“¿Dónde estoy?”, pensó, mientras miraba a su alrededor. No había nada más que arena y un silencio absoluto. Ni rastro de los hombres armados ni de la mujer de cabello corto que lo había atrapado. Pero lo que lo inquietaba no era la soledad, sino el hecho de que sentía su poder debilitado, inestable.
