Aventuras de un cadaver
Aventuras de un cadaver En todo caso no se extrañará el lector si le digo que Joseph Finsbury habÃa meditado varios proyectos de evasión. El destino de aquel excelente anciano —no vacilo en declararlo— no realizaba el ideal de la felicidad. Seguramente Maurice, a quien con frecuencia he tenido ocasión de encontrar en el Metropolitano, es un caballero muy estimable; pero no me atreverÃa a proponerlo como modelo de sobrinos. Por lo que hace a su hermano John, era naturalmente un buen muchacho; pero si cualquiera de ustedes no hubiera tenido otra cosa que le retuviera en su hogar más que su persona, me figuro que no hubieran ustedes tardado en acariciar el proyecto de emprender un viaje al extranjero. Es verdad que el anciano Joseph tenÃa un lazo más sólido que la presencia de sus dos sobrinos para retenerle en Bloomsbury; y este lazo no era ciertamente, como pudiera suponerse, la compañÃa de Julia (aunque el anciano querÃa bastante a su pupila), sino la enorme colección de cuadernos de notas en que habÃa concentrado su vida entera. El que el anciano Joseph se hubiese resignado a separarse de aquella colección es una circunstancia que habla muy poco en favor de las virtudes familiares de sus dos sobrinos.