El Club de los Suicidas
El Club de los Suicidas —¿Me perdonará Su Alteza esta muestra de celo? —inquirió una voz muy familiar.
El prÃncipe se lanzó al cuello del coronel con un apasionado alivio.
—¿Cómo podré agradecérselo alguna vez? —exclamó—. ¿Y cómo se ha arreglado esto?
Aunque habÃa estado dispuesto a afrontar su suerte, estaba encantado de ceder a una amistosa violencia que le devolvÃa de nuevo la vida y la esperanza.
—Puede agradecérmelo bastante —repuso el coronel— evitando todos estos peligros de ahora en adelante. Y en relación con su segunda pregunta, todo ha sido dispuesto por los medios más simples. Esta tarde me puse de acuerdo con un famoso detective. Se me ha garantizado el secreto y he pagado por ello. Los propios sirvientes de Su Alteza han sido los principales participantes en el asunto. La casa de Box Court está rodeada desde el atardecer y este coche, que es uno de los suyos, lleva aguardándole casi una hora.
—¿Y la miserable criatura que iba a asesinarme… qué hay de él? —preguntó el prÃncipe.
—Le capturamos en cuanto salió del club —siguió explicando el coronel—, y ahora espera su sentencia en el Palacio, donde pronto van a ir a acompañarle sus cómplices.