Fabulas
Fabulas EL HUNDIMIENTO DEL BUQUE
—SEÑOR —anunció el teniente primero, irrumpiendo en el camarote del Capitán—, el barco se hunde.
—Muy bien, señor Spoker —dijo el Capitán—, pero ésa no es razón para que vaya usted sin afeitar. Ejercite un momento su pensamiento, señor Spoker, y comprenderá que desde una perspectiva filosófica no hay nada nuevo en nuestra situación: el barco (si de verdad tiene que hundirse) podrÃa decirse que se está hundiendo desde el momento de su botadura.
—Se está yendo a pique muy deprisa —informó el teniente primero, cuando regresó tras haberse afeitado.
—¿Muy deprisa, señor Spoker? —dijo el Capitán—. Es una expresión extraña, toda vez que el tiempo (si se detiene usted a pensarlo) es sólo relativo.
—Capitán —respondió el teniente—, no creo que valga la pena enzarzarse en semejante discusión cuando en menos de diez minutos estaremos todos en el fondo del armario de Davy Jones.
—Por ese mismo razonamiento —replicó amablemente el Capitán—, nunca valdrÃa la pena iniciar ninguna investigación de cierta importancia. Las posibilidades de que hayamos muerto antes de haberla concluido son abrumadoras. No ha considerado usted, señor Spoker, la situación del ser humano —señaló el Capitán, sonriendo y sacudiendo la cabeza.
