Fabulas
Fabulas —No sé si sigue usted siempre mis reflexiones, señor Spoker —contestó el Capitán—. Pero, continuemos.
En el polvorÃn encontraron a un viejo lobo de mar fumando su pipa.
—¡Bendito sea Dios! —exclamó el Capitán—. ¿Qué está usted haciendo?
—Verá, Capitán —se disculpó el viejo marino—, me han dicho que nos estamos yendo a pique.
—¿Y si asà fuera? —preguntó el Capitán—. Desde una perspectiva filosófica no habrÃa nada nuevo en nuestra posición. La vida, mi querido camarada, la vida, en cualquier momento, en cualquier circunstancia, es tan peligrosa como un barco que se hunde. Y no obstante, el hombre tiene la grata costumbre de usar paraguas, de ponerse chanclas de caucho, de acometer grandes empresas y de conducirse en todos los sentidos como si confiara en vivir eternamente. Y en lo que a mi humilde persona se refiere, desprecio al hombre que, aun a bordo de un barco que se hunde, prescinde de tomarse una pÃldora o de dar cuerda a su reloj. Ésa, amigo mÃo, no es una actitud humana.
—Discúlpeme, señor —observó el teniente Spoker—, pero ¿cuál es la diferencia exacta entre afeitarse en un barco que se hunde y fumar en un polvorÃn?