Fabulas
Fabulas EL LECTOR
ES EL LIBRO más impĂo que he leĂdo en la vida —dijo el lector, arrojando el volumen al suelo.
—Tampoco hace falta que me maltrates —dijo el libro—. AsĂ te darán menos por mĂ cuando me vendas de segunda mano. Además, yo no me escribĂ.
—Eso es verdad —concedió el lector—. Es con tu autor con quien me enfado.
—Pues no compres sus peroratas —dijo el libro.
—Eso es verdad —concediĂł el lector—, pero es que lo tenĂa por un autor alegre.
—A mà me lo parece —dijo el libro.
—Debes de ser muy distinto de mà —dijo el lector.
—Deja que te cuente una fábula —dijo el libro—. Dos hombres naufragaron en una isla desierta. Uno de ellos fingió que estaban en casa, el otro lo aceptó y…
—SĂ, ya conozco esa clase de fábula —dijo el lector—. Los dos murieron.
—SĂ, murieron —dijo el libro—. De eso no cabe duda. Como todo el mundo.
—Eso es verdad —dijo el lector—. Vayamos un poco más allá por esta vez. ¿Qué pasó cuando todos hubieron muerto?
—Que quedaron en manos de Dios, igual que antes —dijo el libro.
