Drácula
Drácula Esta vez, despuĂ©s de llegar hasta el lado extremo del desfiladero, repentinamente cruzĂł por una estrecha senda que se introducĂa agudamente a la derecha.
Pronto nos encontramos obstruidos por árboles, que en algunos lugares cubrĂan por completo el camino, formando una especie de tĂşnel a travĂ©s del cual pasábamos. Y además de eso, gigantescos peñascos amenazadores nos hacĂan valla a uno y otro lado.
A pesar de encontrarnos asĂ protegidos, podĂamos escuchar el viento que se levantaba, pues gemĂa y silbaba a travĂ©s de las rocas, y las ramas de los árboles chocaban entre sĂ al pasar nosotros por el camino. Hizo cada vez más frĂo v una fina nieve comenzĂł a caer, de tal manera que al momento alrededor de nosotros todo estaba cubierto por un manto blanco. El aguzado viento todavĂa llevaba los aullidos de los perros, aunque Ă©stos fueron decreciendo a medida que nos alejábamos. El aullido de los lobos, en cambio, se acercĂł cada vez más, como si ellos se fuesen aproximando hacia nosotros por todos lados. Me sentĂ terriblemente angustiado, y los caballos compartieron mi miedo. Sin embargo, el cochero no parecĂa tener ningĂşn temor; continuamente volvĂa la cabeza hacia la izquierda y hacia la derecha, pero yo no podĂa ver nada a travĂ©s de la oscuridad.