Drácula
Drácula 18 de septiembre. Me dirigĂ de inmediato a Hillingham, y lleguĂ© temprano. Dejando mi calesa en el portĂłn, corrĂ por la avenida solo. ToquĂ© suavemente el timbre, lo más delicadamente posible, pues temĂa perturbar a Lucy o a su madre, y esperaba que me abriera la puerta sĂłlo una sirvienta. DespuĂ©s de un rato, no encontrando respuesta, toquĂ© otra vez; tampoco me respondieron. Maldije la haraganerĂa de las sirvientas que todavĂa estuvieran en cama a esa hora, ya que eran las diez de la mañana, por lo que toquĂ© otra vez, pero más impacientemente, sin obtener tampoco respuesta. Hasta aquĂ yo habĂa culpado sĂłlo a las sirvientas, pero ahora me comenzĂł a asaltar un terrible miedo. ÂżEra esta desolaciĂłn otro enlace en la cadena de infortunios que parecĂa estar cercándonos? ÂżSerĂa acaso a una mansiĂłn de la muerte a la que habrĂa llegado, demasiado tarde? Yo sĂ© que minutos, o incluso segundos de tardanza pueden significar horas de peligro para Lucy, si ella hubiese tenido otra vez una de esas terribles recaĂdas; y fui alrededor de la casa para ver si podĂa encontrar por casualidad alguna otra entrada.
