Drácula
Drácula Cuando pude ver otra vez, el conductor estaba subiendo a la calesa y los lobos habÃan desaparecido. Todo esto fue tan extraño y misterioso que fui sobrecogido por un miedo pánico, y no tuve valor para moverme ni para hablar. El tiempo pareció interminable mientras continuamos nuestro camino, ahora en la más completa oscuridad, pues las negras nubes oscurecÃan la luna. Continuamos ascendiendo, con ocasionales perÃodos de rápidos descensos, pero ascendiendo la mayor parte del tiempo.
Repentinamente tuve conciencia de que el conductor estaba deteniendo a los caballos en el patio interior de un inmenso castillo ruinoso en parte, de cuyas altas ventanas negras no salÃa un sólo rayo de luz, y cuyas quebradas murallas mostraban una lÃnea dentada que destacaba contra el cielo iluminado por la luz de la luna.