Drácula
Drácula Arthur se fue con él, echando una nostálgica mirada al rostro de Lucy, que yacÃa en su almohada casi más blanca que la sábana. YacÃa bastante tranquila, y yo miré alrededor del cuarto para ver que todo estuviera en orden. Pude ver que el profesor habÃa realizado en este cuarto, al igual que en el otro, su propósito de usar el ajo; todas las guillotinas de las ventanas olÃan fuertemente a él. Y alrededor del cuello de Lucy, sobre el pañuelo de seda que van Helsing le habÃa hecho usar, habÃa tosca gargantilla hecha de las mismas olorosas flores. Lucy estaba respirando un tanto estertorosamente y su rostro estaba descompuesto, pues la boca abierta mostraba las pálidas encÃas. A la tenue e incierta luz, sus dientes parecÃan más largos y más agudos de lo que habÃan estado en la mañana. En particular, debido quizá a algún juego de luz, los caninos parecÃan más largos y agudos que el resto. Yo me senté a su lado, y al poco tiempo ella se movió inquieta. En el mismo instante llegó una especie de sordo aleteo o arañazos desde la ventana. Fui silenciosamente hacia ella y espié por una esquina de la celosÃa.