Drácula
Drácula Por un momento me dominó una fuerte cólera; fue como si en vida hubiese abofeteado a Lucy. Golpeé fuertemente la mesa y me puse en pie al mismo tiempo que le decÃa:
—Doctor van Helsing, ¿está usted loco?
Él levantó la cabeza y me miró: la ternura que reflejaba su rostro me calmó de inmediato.
—¡Me gustarÃa que asà fuera! —dijo él—. La locura serÃa más fácil de soportar comparada con verdades como esta. ¡Oh, mi amigo!, ¿por qué piensa que yo di un rodeo tan grande? ¿Por qué tomé tanto tiempo para decirle una cosa tan simple? ¿Es acaso porque lo odio y lo he odiado a usted toda mi vida? ¿Es porque deseaba causarle daño? ¿Era porque yo querÃa, ahora, después de tanto tiempo, vengarme por aquella vez que usted salvó mi vida, y de una muerte terrible? ¡Ah! ¡No!.
—Perdóneme —le dije yo.
Mi maestro continuó:
