Drácula
Drácula —¡Ah, sir! Ustedes los habitantes de la ciudad no pueden penetrar en los sentimientos de un cazador.
Luego se incorporó, y dijo:
—Pero la verdad es que usted debe estar cansado. Su alcoba esta preparada, y mañana podrá dormir tanto como desee. Estaré ausente hasta el atardecer, asà que ¡duerma bien, y dulces sueños!
Con una cortés inclinación, él mismo me abrió la puerta que comunicaba con el cuarto octogonal, y entró en mi dormitorio.
Estoy desconcertado. Dudo, temo, pienso cosas extrañas, y yo mismo no me atrevo a confesarme a mi propia alma. ¡Que Dios me proteja, aunque sólo sea por amor a mis seres queridos!
7 de mayo. Es otra vez temprano por la mañana, pero he descansado bien las últimas 24 horas. Dormà hasta muy tarde, entrado el dÃa. Cuando me hube vestido, entré al cuarto donde habÃamos cenado la noche anterior y encontré un desayuno frÃo que estaba servido, con el café caliente debido a que la cafetera habÃa sido colocada sobre la hornalla. Sobre la mesa habÃa una tarjeta en la cual estaba escrito lo siguiente:
"Tengo que ausentarme un tiempo.
No me espere. D."