Drácula
Drácula —No tanto —respondió él—. Es decir, yo sé que si me desenvolviera y hablara en su Londres, nadie allà hay que no me tomara por un extranjero. Eso no es suficiente para mÃ. Aquà soy un noble, soy un boyar; la gente común me conoce y yo soy su señor. Pero un extranjero en una tierra extranjera, no es nadie; los hombres no lo conocen, y no conocer es no importar. Yo estoy contento si soy como el resto, de modo que ningún hombre me pare si me ve, o haga una pausa en sus palabras al escuchar mi voz, diciendo: "Ja, ja, ¡un extranjero!" He sido durante tanto tiempo un señor que seré todavÃa un señor, o por lo menos nadie prevalecerá sobre mÃ. Usted no viene a mà solo como agente de mi amigo Peter Hawkins, de Exéter, a darme los detalles acerca de mi nueva propiedad en Londres. Yo espero que usted se quede conmigo algún tiempo, para que mediante muestras conversaciones yo pueda aprender el acento inglés; y me gustarÃa mucho que usted me dijese cuando cometo un error, aunque sea el más pequeño, al hablar. Siento mucho haber tenido que ausentarme durante tanto tiempo hoy, pero espero que usted perdonará a alguien que tiene tantas cosas importantes en la mano.
Por supuesto que yo dije todo lo que se puede decir acerca de tener buena voluntad, y le pregunté si podÃa entrar en aquel cuarto cuando quisiese. Él respondió que sÃ, y agregó: