Drácula
Drácula Cuando bajé otra vez encontré a todos sentados en torno al fuego, en el estudio.
En el tren habÃa escrito en mi diario todo lo relativo a mis descubrimientos del dÃa, y me limité a leerles lo que habÃa escrito, como el mejor medio posible en que pudieran enterarse de los informes que habÃa obtenido. Cuando terminé, van Helsing dijo:
—Ha tenido usted un magnÃfico dÃa de trabajo, amigo Jonathan. Indudablemente, estamos sobre la pista de las cajas que faltan. Si encontramos todas en esa casa, entonces, nuestro trabajo se acerca a su final. Pero, si falta todavÃa alguna de ellas, tendremos que buscarla hasta que la encontremos. Entonces daremos el golpe final y haremos que el monstruo muera verdaderamente.
Permanecimos todos sentados en silencio y, de pronto, el señor Morris dijo:
—¡Digan! ¿Cómo vamos a poder entrar a esa casa?
—Lo mismo que como lo hicimos en la otra —dijo lord Godalming rápidamente.
—Pero, Art, entramos por efracción en Carfax; pero era de noche y tenÃamos el parque que nos ocultaba a las miradas indiscretas. SerÃa algo muy diferente el cometer ese delito en Piccadilly, tanto de noche como de dÃa. Confieso que no veo cómo vamos a poder entrar, a no ser que ese pedante de la agencia inmobiliaria nos consiga alguna llave.