Drácula
Drácula —¡El amigo Quincey tiene razón! —dijo el profesor —. Su cabeza está, como se dice, al ras del horizonte. Vamos a llevar a cabo un trabajo delicado y no es conveniente que la gente nos observe, si es posible evitarlo.
Mina se interesaba cada vez más en todos los detalles y yo me alegraba de que las exigencias de esos asuntos contribuyeran a hacerla olvidar la terrible experiencia que habÃa tenido aquella noche. Estaba extremadamente pálida… , casi espectral y tan delgada que sus labios estaban retirados, haciendo que los dientes resaltaran en cierto modo. No mencioné nada, para evitar causarle un profundo dolor, pero sentà que se me helaba la sangre en las venas al pensar en lo que le habÃa sucedido a la pobre Lucy, cuando el conde le habÃa sorbido la sangre de sus venas. TodavÃa no habÃa señales de que los dientes comenzaran a agudizarse, pero no habÃa pasado todavÃa mucho tiempo y habÃa ocasión de temer.