Drácula
Drácula 3 de octubre. El tiempo nos pareció extremadamente largo, mientras esperábamos a lord Godalming y a Quincey Morris. El profesor trataba de mantenernos distraÃdos, utilizando nuestras mentes sin descanso. Comprendà perfectamente cuál era el benéfico objetivo que perseguÃa con ello, por las miradas que lanzaba de vez en cuando a Harker. El pobre hombre está abrumado por una tristeza que da dolor. Anoche era un hombre franco, de aspecto alegre, de rostro joven y fuerte, lleno de energÃa y con el cabello de color castaño oscuro. Hoy, parece un anciano macilento y enjuto, cuyo cabello blanco se adapta muy bien a sus ojos brillantes y profundamente hundidos en sus cuencas y con sus rasgos faciales marcados por el dolor. Su energÃa permanece todavÃa intacta, en realidad, es como una llama viva. Eso puede ser todavÃa su salvación, puesto que, si todo sale bien, le hará remontar el perÃodo de desesperación; entonces, en cierto modo, volverá a despertar a las realidades de la vida. ¡Pobre tipo! Pensaba que mi propia desesperación y mis problemas eran suficientemente graves; pero, ¡esto…! El profesor lo comprende perfectamente y está haciendo todo lo que está en su mano por mantenerlo activo. Lo que estaba diciendo era, bajo las circunstancias, de un interés extraordinario. Estas fueron más o menos sus palabras:
