Drácula
Drácula Nos precipitamos hacia la ventana y lo vimos levantarse indemne del suelo.
Ascendió los escalones a toda velocidad, cruzó el patio y abrió la puerta de las caballerizas. Una vez allí, se volvió y nos habló:
—Creen ustedes poder confundirme… con sus rostros pálidos, como las ovejas en el matadero. ¡Ahora van a sentirlo, todos ustedes! Creen haberme dejado sin un lugar en el que poder reposar, pero tengo otros. ¡Mi venganza va a comenzar ahora! Ando por la tierra desde hace siglos y el tiempo me favorece. Las mujeres que todos ustedes aman son mías ya, y por medio de ellas, ustedes y muchos otros me pertenecerán también… Serán mis criaturas, para hacer lo que yo les ordene y para ser mis chacales cuando desee alimentarme. ¡Bah!
Con una carcajada llena de desprecio, pasó rápidamente por la puerta y oímos que el oxidado cerrojo era corrido, cuando cerró la puerta tras él. Una puerta, más allá, se abrió y se cerró nuevamente. El primero de nosotros que habló fue el profesor, cuando, comprendiendo lo difícil que sería perseguirlo por las caballerizas, nos dirigimos hacia el vestíbulo.