Drácula
Drácula "Nos comunicaron, entre otras cosas, que ayer, más o menos a las cinco de la tarde, llegó un hombre con mucho apresuramiento. Un hombre alto, delgado y pálido, con nariz aquilina, dientes muy blancos y unos ojos que parecÃan estar ardiendo. Que iba vestido todo de negro, con excepción de un sombrero de paja que llevaba y que no le sentaba bien ni a él ni al tiempo que estaba haciendo, y que distribuyó generosamente su dinero, haciendo preguntas para saber si habÃa algún barco que se dirigiera hacia el Mar Negro, y hacia qué punto. Lo llevaron a las oficinas y al barco, a bordo del cual no quiso subir, sino que se detuvo en el muelle y pidió que el capitán fuera a verlo. El capitán acudió, cuando le dijeron que le pagarÃa bien, y aunque maldijo mucho al principio, cerró trato con él. Entonces, el hombre alto y delgado se fue, no sin que antes le indicara alguien donde podÃa encontrar una carreta y un caballo. Pronto volvió, conduciendo él mismo una carreta sobre la que habÃa una gran caja, que descargó él solo, aunque fueron necesarios varios hombres para llevarla a la grúa y para meterla a la bodega del barco. Le dio muchas indicaciones al capitán respecto a cómo y dónde deberÃa ser colocada aquella caja, pero al capitán no le agradó aquello, lo maldijo en varias lenguas y le dijo que fuera si querÃa a ver como era estibada la maldita caja. Pero él dijo que no podÃa hacerlo en ese momento; que embarcarÃa más tarde, ya que tenÃa muchas cosas en qué ocuparse. Entonces, el capitán le dijo que se diera prisa… con sangre… ya que aquel barco iba a aparejar… con sangre… en cuanto fuera propicia la marea… con sangre. Entonces, el hombre sonrió ligeramente y le dijo que, por supuesto, irÃa en tiempo útil, pero que no serÃa demasiado pronto. El capitán volvió a maldecir como un poligloto y el hombre alto le hizo una reverencia y le dio las gracias, prometiéndole embarcarse antes de que aparejara, para no causarle ningún trastorno innecesario. Finalmente, el capitán, más rojo que nunca, y en muchas otras lenguas, le dijo que no querÃa malditos franceses piojosos en su barco. Entonces, después de preguntar dónde podrÃa encontrar un barco no muy lejos, en donde poder comprar impresos de embarque, se fue. "Nadie sabÃa adónde habÃa ido, como decÃan, puesto que pronto pareció que el Czarina Catherine no aparejarÃa tan pronto como habÃan pensado. Una ligera bruma comenzó a extenderse sobre el rÃo y fue haciéndose cada vez más espesa, hasta que, finalmente, una densa niebla cubrió al barco y todos sus alrededores. El capitán maldijo largo y tendido en todas las lenguas que conocÃa, pero no pudo hacer nada. El agua se elevaba cada vez más y comenzó a pensar que de todos modos iba a perder la marea. No estaba de muy buen humor, cuando exactamente en el momento de la pleamar, el hombre alto y delgado volvió a presentarse y pidió que le mostraran dónde habÃan estibado su caja. Entonces, el capitán le dijo que deseaba que tanto él como su caja estuvieran en el infierno. Pero el hombre no se ofendió y bajó a la bodega con un tripulante, para ver dónde se encontraba su caja. Luego, volvió a la cubierta y permaneció allà un rato, envuelto en la niebla. Debió subir de la bodega solo, ya que nadie lo vio. En realidad, no pensaron más en él, debido a que pronto la niebla comenzó a levantarse y el tiempo aclaró completamente. Mis amigos sedientos y malhablados sonrieron cuando me explicaron cómo el capitán maldijo en más lenguas que nunca y tenÃa un aspecto más pintoresco que nunca, cuando al preguntarles a otros marinos que se desplazaban hacia un lado y otro del rÃo a esa hora, descubrió que muy pocos de ellos habÃan visto niebla en absoluto, excepto donde se encontraba él, cerca del muelle. Sin embargo, el navÃo aparejó con marea menguante, e indudablemente para la mañana debÃa encontrarse lejos de la desembocadura del rÃo. Asà pues, mientras nos explicaban todo eso, debÃa encontrarse lejos ya, en alta mar. "Y ahora, señora Mina, tendremos que reposar durante cierto tiempo, puesto que nuestro enemigo está en el mar, con la niebla a sus órdenes, dirigiéndose hacia la desembocadura del Danubio. El avance en un barco de vela no es nunca demasiado rápido; por consiguiente, podremos salir por tierra con mucha mayor rapidez. y lo alcanzaremos allÃ. Nuestra mejor esperanza es encontrarlo cuando esté en su caja entre el amanecer y la puesta del sol, ya que entonces no puede luchar y podremos tratarlo como se merece. Tenemos varios dÃas a nuestra disposición, durante los cuales podremos hacer planes. Conocemos todo sobre el lugar a donde debemos ir, puesto que hemos visto al propietario del barco, que nos ha mostrado facturas y toda clase de documentos. La caja que nos interesa deberá ser desembarcada en Varna y entregada a un agente, un tal Ristics, que presentará allá sus credenciales. AsÃ, nuestro amigo marino habrá concluido su parte. Cuando nos preguntó si pasaba algo malo, ya que de ser asà podrÃa telegrafiar a Varna para que se llevara a cabo una encuesta, le dijimos que no, debido a que nuestro trabajo no puede llevarse a cabo por la policÃa ni en la aduana.