Drácula
Drácula Me extendió la carta, y con una reverencia cortés me dio un sobre limpio. Yo sólo pude escribir nuevamente la dirección y se lo devolvà en silencio. Cuando salió del cuarto escuché que la llave giraba suavemente. Un minuto después fui a ella y traté de abrirla. La puerta estaba cerrada con llave.
Cuando, una o dos horas después, el conde entró silenciosamente en el cuarto, su llegada me despertó, pues me habÃa dormido en el sofá. Estuvo muy cortés y muy alegre a su manera, y viendo que yo habÃa dormido, dijo:
—¿De modo, mi amigo, que usted está cansado? Váyase a su cama. Allà es donde podrá descansar más seguro. Puede que no tenga el placer de hablar por la noche con usted, ya que tengo muchas tareas pendientes; pero deseo que duerma tranquilo.
Me fui a mi cuarto y me acosté en la cama; raro es de decir, dormà sin soñar. La desesperación tiene sus propias calmas.
31 de mayo. Esta mañana, cuando desperté, pensé que sacarÃa algunos papeles y sobres de mi portafolios y los guardarÃa en mi bolsillo, de manera que pudiera escribir en caso de encontrar alguna oportunidad; pero otra vez una sorpresa me esperaba. ¡Una gran sorpresa!