La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas Las paredes de la cámara y del pasadizo estaban cubiertas de sÃmbolos tan extraños como enigmáticos, y otro tanto ocurrÃa con el enorme sarcófago ubicado en la cámara más profunda. El jeque y otros dos árabes que se animaron a entrar en la tumba conmigo, y que tal vez estuviesen acostumbrados a esa clase de exploraciones, consiguieron levantar la tapa del sarcófago sin romperla. Quedaron maravillados, porque, según me confesaron, pocas veces sus esfuerzos se habÃan visto recompensados con el éxito. Debo decir que no se mostraron muy cuidadosos, y que manipularon los diversos objetos de la tumba con tal rudeza que sólo la solidez y el espesor de aquélla impidieron que se rompiera. Eso me preocupó bastante, porque el sarcófago estaba hecho con una piedra desconocida para mÃ, exquisitamente labrada. Lamenté que nos fuese del todo imposible llevarnos aquel sarcófago; el tiempo y el viaje por el desierto lo impedÃan. Sólo me quedé con algunos objetos que, por ser pequeños, podÃan transportarse fácilmente.