La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas »La reina Tera pertenecía a la undécima dinastía tebana de los reyes egipcios, que dominó entre los siglos XXIX y XXV antes de Jesucristo. Como hija única, sucedió a su padre Antef. Debió de ser una muchacha de carácter extraordinario, así como de gran inteligencia, puesto que cuando su padre murió ella era muy joven. Su edad y su sexo alentaron a los ambiciosos sacerdotes, que desde hacía tiempo deseaban ver aumentado su poder. Gracias a sus riquezas, su número y sus conocimientos, dominaban en todo el reino, sobre todo en el Alto Egipto. Se disponían, secretamente, a llevar a cabo un levantamiento a fin de alcanzar sus atrevidos y bien meditados proyectos, los cuales consistían en que el poder del rey fuese transferido a una jerarquía. Pero Antef sospechaba que los sacerdotes algo se traerían entre manos y tomó la precaución de obtener para su hija el apoyo del ejército. También le había enseñado el arte de gobernar, y procuró instruirla en la misma ciencia de los sacerdotes. Había utilizado a los de un cuerpo contra los de otro, y cada uno de ellos confiaba en alcanzar algún beneficio merced a la intervención del rey o, tal vez, por el poder e influencia que pudiesen ejercer sobre su hija. Así, la princesa creció entre escribas y llegó a ser una artista de mérito considerable. Muchas de estas cosas se referían en las paredes en forma de imágenes o jeroglíficos de gran belleza, y llegamos a la conclusión de que muchos de ellos debían de ser obra de la misma princesa. De modo, pues, que existía una razón para que en la estela se hablase de ella como de la “protectora de las artes”.