La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas »Al marcharnos recogimos las escalas, que enterramos cerca de allí, al pie de una roca de cuya ubicación tomamos nota por si más adelante teníamos que recurrir a este dato. Nos procuramos un tosco carro y los hombres necesarios para tirar de él, pero la marcha era demasiado lenta, y eso nos ponía muy nerviosos; estábamos ansiosos por depositar nuestros tesoros en un lugar seguro. Por la noche, nuestra inquietud aumentaba, ya que temíamos que alguna pandilla de bandoleros cayese sobre nosotros. Pero nuestros acompañantes nos intranquilizaban aún más; eran hombres rudos, carentes de escrúpulos, y debe usted recordar que los objetos que llevábamos eran valiosísimos. Ellos, o al menos los más peligrosos, ignoraban en qué residía su valor, pero imaginaban, desde luego, que transportábamos grandes tesoros. Sacamos la momia del sarcófago y, para mayor seguridad, la metimos en una caja. Durante la primera noche intentaron por dos veces robarnos cosas del carro, y a la mañana siguiente encontramos a dos hombres muertos.