La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas »Ahora, señor Ross, sabe usted tanto como yo, y confío en que su prudencia le indique qué de todo ello conviene poner en conocimiento de la señorita Trelawny.
—¿Por qué nombra usted a la señorita Trelawny? —preguntó una voz clara y joven detrás de él—. Está aquí.
Nos volvimos sobresaltados, lanzándonos una mirada interrogadora. La señorita Trelawny estaba en el vano de la puerta. Ignorábamos cuánto tiempo llevaba ahí y si habría oído parte del relato del señor Corbeck.