La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas »La existencia de estas creencias, y su corolario, me hace llegar a la conclusión de que la reina Tera confiaba en poder resucitar cuándo, cómo y dónde lo considerase conveniente. Durante cuarenta o cincuenta siglos yacería en su tumba, esperando. Esperando, con aquella “paciencia” capaz de imponerse a los designios de los dioses del mundo Inferior, a que llegase aquel “amor” que mandaría sobre aquellos del mundo Superior. Ninguno de nosotros sabía qué habría soñado en todo ese tiempo, pero su sueño sin duda se había visto roto cuando el explorador holandés entró en su tumba, violando su sagrada intimidad.
»El robo de que fue objeto la tumba, y todo lo que siguió, nos prueban que cada parte de su cuerpo, aun separada de él, puede ser un punto central, o núcleo, para que las partículas de su cuerpo astral volvieran a reunirse. La mano que se encuentra en mi habitación podría originar tanto la aparición de la reina en forma carnal como su rápida disolución.