La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas »En cuanto a esta caja de piedra que llamamos el Cofre Mágico, estoy convencido, tal como ya he dicho, de que sólo se abre obedeciendo a algún fenómeno lumÃnico o a la utilización de alguna fuerza que por el momento desconocemos. Aquà se abre un vasto campo para las conjeturas y las experiencias, ya que hasta ahora los cientÃficos no han conseguido diferenciar por completo las variedades, las propiedades y los grados de la luz. Sin necesidad de analizar los distintos rayos, creo que podemos dar por sentada la existencia de diversas cualidades y propiedades de la luz; y este inmenso campo de la investigación cientÃfica es prácticamente un territorio virgen. Lo que actualmente sabemos acerca de las fuerzas naturales es tan poco que no tenemos por qué imponer lÃmite alguno a la imaginación en lo que a las posibilidades del futuro se refiere. En cuestión de muy pocos años hemos hecho unos descubrimientos que hace apenas dos siglos habrÃan enviado a la hoguera a sus descubridores. La licuefacción del oxÃgeno; la existencia del radio, del helio, del polonio, del argón; las distintas propiedades de los rayos X, catódicos y Becquerel. Y, de la misma forma que es posible que al final logremos demostrar la existencia de distintas clases y cualidades de la luz, también lo es que descubramos que la combustión tiene caracterÃsticas propias y diferenciales, que algunas clases de llamas poseen cualidades inexistentes en otras. Cabe la posibilidad de que algunas de las condiciones esenciales de la sustancia sean continuas, incluso en lo que a la destrucción de sus bases respecta. Anoche estaba pensando en ello y me decÃa que, de la misma manera que algunos aceites poseen unas caracterÃsticas de las que otros carecen, puede que haya ciertas cualidades o capacidades similares o equivalentes en las combinaciones de cada uno de ellos. Supongo que todos hemos observado, en algún momento, que la luz del aceite de colza no es exactamente igual que la del de parafina o que las llamas del gas de carbón o del aceite de ballena son distintas. ¡Asà lo han comprobado en los faros! De repente se me ocurrió pensar que quizás el aceite que se encontró en las jarras cuando se abrió la tumba de la reina Tera poseÃa alguna virtud especial. Éste no se habÃa utilizado para conservar los intestinos según la costumbre, lo cual significa que debieron de ponerlo allà con otro propósito. Recordé que en su relato Van Huyn hacÃa mención a la forma en que se sellaban las jarras. Se hacÃa con una delicadeza no exenta de eficacia, para que pudieran abrirse sin necesidad de utilizar la fuerza. Las jarras se guardaban a su vez en un sarcófago que, a pesar de su solidez y de estar herméticamente cerrado, podÃa abrirse con facilidad. Por consiguiente, fui a examinar las jarras de inmediato. Quedaba todavÃa un poco de aceite, pero como las jarras llevaban abiertas dos siglos y medio, se habÃa condensado mucho. Sin embargo, no estaba rancio, y, al examinarlo, descubrà que era de cedro y que aún despedÃa en parte su aroma original. Pensé que debÃa de utilizarse para llenar las lámparas. Quienquiera que hubiera puesto el aceite en las jarras y éstas en el sarcófago, sabÃa que, en el transcurso del tiempo, podrÃa producirse una merma, incluso en unos recipientes de alabastro, y no escatimó la cantidad; hasta el punto de que con el contenido de cada una de las jarras se habrÃa podido llenar las lámparas media docena de veces. Por lo tanto, con una parte del aceite que quedaba hice unos experimentos que quizá nos ofrezcan unos resultados de gran utilidad. Usted sabe, doctor, que el aceite de cedro, ampliamente utilizado por los egipcios en la preparación y los ceremoniales de los muertos, posee ciertas propiedades refractarias de las que otros aceites carecen. Por ejemplo, nosotros lo utilizamos en las lentes de nuestros microscopios para aumentar la claridad de la visión. Anoche puse un poco en una de las lámparas y la coloqué cerca de una de las partes translúcidas del Cofre Mágico. El efecto fue impresionante; el resplandor de la luz fue más intenso y concentrado de lo que yo hubiera imaginado, mientas que una luz eléctrica colocada en el mismo lugar apenas se notó. TenÃa la intención de hacer la misma prueba con las siete lámparas restantes, pero se me acabó el aceite. Sin embargo, eso se arreglará enseguida. He pedido que me envÃan más aceite de cedro y muy pronto espero disponer de abundantes provisiones. En cualquier caso, y con independencia de lo que pueda ocurrir por otras razones, nuestro experimento no fallará por este motivo. ¡Ya veremos! ¡Ya veremos!