La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas 16
El tiempo fue pasando prodigiosamente despacio en algunos aspectos y sorprendentemente rápido en otros. Ahora, que estaba seguro de que mi amor al fin habÃa regresado, deseaba tener a Margaret para mà solo. Pero aquel dÃa no estaba destinado al amor ni a las relaciones amorosas. La sombra de una temerosa expectación se cernÃa sobre él. Cuanto más pensaba en el inminente experimento, tanto más extraño se me antojaba todo; y tanto más insensatos me parecÃan los que deliberadamente Ãbamos a participar en él. ¡Todo era tan extraordinario, tan misterioso e innecesario! Las cuestiones eran tan amplias y el peligro tan extraño y desconocido.
