La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas 19
Aquella noche todos nos acostamos temprano, pues la siguiente estaría llena de ansiedad y el señor Trelawny creyó preferible que estuviésemos bien descansados. Por la mañana también nos aguardaba mucho trabajo. Todo lo que se relacionaba con el experimento sería objeto de una nueva revisión, para que ningún detalle, por mínimo que fuese, lo echara a perder. Por supuesto, hicimos los arreglos necesarios para pedir ayuda si se daba el caso, pero me parece que ninguno de nosotros temía peligro alguno o tenía la menor aprensión. Nadie creía que fuera preciso defenderse de posibles agresiones, al contrario de lo que había ocurrido en Londres, durante el largo trance en que había permanecido sumido el señor Trelawny.
