La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas —Yo soy el señor Malcolm Ross.
—En tal caso, señor, la carta y el coche son para usted.
Movido por la curiosidad, cogà la carta que aquel hombre me entregaba. Soy abogado, y a lo largo de mi carrera me enfrenté a casos bien extraños, pero aquél los superaba a todos. Retrocedà hasta el vestÃbulo, entorné la puerta y encendà la luz. La carta, escrita, evidentemente, por una mano de mujer, carecÃa de señas y rezaba asÃ:
Dijo usted que me ayudarÃa en caso de que fuese necesario y estoy convencida de que sus palabras fueron sinceras. La ocasión se ha presentado antes de lo que esperaba. Me encuentro en problemas y no sé a quién acudir ni de qué echar mano. Me temo que han querido asesinar a mi padre. Está inconsciente, pero gracias a Dios todavÃa con vida. He llamado a los médicos y a la policÃa, pero no tengo a nadie en quien confiar. Venga de inmediato, si le es posible, y le ruego que me perdone. Supongo que más adelante comprenderá el motivo por el que le pido este favor, pero ahora no estoy en condiciones siquiera de pensar. Dese prisa, venga cuanto antes.
MARGARET TRELAWNY
