La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas Permanecieron en la estancia largo rato. En un momento dado llamaron a la hermana Doris, la enfermera, pero ésta volvió a salir al cabo de pocos minutos. Luego fueron a ver a la señorita Kennedy, tras lo cual pidieron a la enfermera que se quedase con ella. El doctor Winchester me informó a continuación que, aun cuando la señorita Kennedy no recordaba lo ocurrido la víspera, respondió de modo satisfactorio a las preguntas que le hizo el doctor Frere acerca del paciente hasta el momento en que ella perdió la conciencia. Después, ambos médicos fueron al estudio, donde también estuvieron platicando largamente a solas. Por el tono de sus voces, parecían discutir sobre algo en lo que no acababan de ponerse de acuerdo. Eso hizo que me sintiese nuevamente intranquilo. En cuanto a la señorita Trelawny, temí que de un momento a otro sufriese un ataque de nervios. ¡Pobre muchacha!, tantas horas de ansiedad e incertidumbre la tenían al borde del colapso.
Al fin, los médicos salieron del estudio; sir James primero, con una expresión grave en el rostro, seguido de cerca por el doctor Winchester, que estaba pálido, como si hubiese reaccionado ante algo muy serio y hubiese perdido el color. Sir James le pidió a Margaret que entrase en el estudio, y sugirió que yo también lo hiciese. Cuando estuvimos dentro, se volvió hacia mí y dijo: