La Joya de las siete estrellas

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Sospechas

La primera persona en recobrar la serenidad fue la señorita Trelawny, quien, con tono de dignidad, dijo:

—Muy bien, señora Grant, que se vayan. Págueles lo que corresponda y agregue una mensualidad. Hasta ahora han sido muy buenos servidores, y el motivo por el que se marchan es bien poco corriente, debo admitirlo. No podemos esperar que quien está atormentado por el miedo nos siga siendo fiel.

»Los que se queden gozarán, en el futuro, de doble salario, y le pido por favor que en cuanto se lo indique los envíe aquí.

El ama de llaves se mostró indignada al oír aquellas generosas disposiciones:

—¡No se lo merecen, señorita! No deberían marcharse de esta casa después del modo en que se los ha tratado. Jamás he visto a nadie tan bueno y considerado con la servidumbre como usted. Y ahora, cuando los señores están en serios problemas, ellos se marchan sin más, dejándoles librados a su suerte.

La señorita Trelawny la calmó lo mejor que pudo y el ama de llaves salió para, al cabo de un rato, regresar y preguntar a su ama si querría tomar nuevos criados, o, por lo menos, intentarlo.


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