Los poderes de la oscuridad
Los poderes de la oscuridad —No hay de qué —repuso él, en un tono más firme—. Es mi decisión, y es un placer para mà saber que esta reliquia familiar está ahora en sus manos. Póngasela y piense en Drácula. Muchos la han llevado puesta antes que usted y la han considerado un amuleto de buena suerte. Ustedes los ingleses no creen en tales cosas, pero póngasela de todos modos, y le deseo mucha suerte con ella. TodavÃa tiene mucha vida que disfrutar, es usted un joven atractivo y elegante. Adiós, querido Thomas Harker. Si no volvemos a vernos, y es muy posible que asà sea, cuenta usted con la bendición de Drácula. Hasta mañana, entonces, a mediodÃa.
Me estrechó la mano con tanta fuerza que dio la impresión de que la suya era de hierro; su tacto era frÃo como el hielo o el metal pulido. Mi mano quedó entumecida y sentà un cosquilleo por todo el brazo. Deseé apartarlo de mÃ, pero conseguà controlarme. Después fue hacia la puerta.
—Póngase el anillo —volvió a decir—. Hágalo por mÃ, y piense en Drácula. —Se besó los dedos de acuerdo a la vieja tradición y salió[349].