Los poderes de la oscuridad
Los poderes de la oscuridad Thomas estaba tan aturdido que apenas se daba cuenta de lo que estaba sucediendo. Poco a poco, recostó su cabeza sobre el hombro de Wilma y se quedó dormido. Volvió a despertar justo antes de llegar al hotel, pero había olvidado todo lo ocurrido en la calle.
Al día siguiente, Wilma comenzó a organizar su nuevo hogar, en el que, desde que se habían mudado, todavía no había puesto orden. Entre otras cosas, registró la maleta que habían traído desde Transilvania. En el fondo encontró un paquete envuelto en el papel de la iglesia del convento. Recordó entonces que la hermana Agatha, al despedirse, le había dicho que metería las pertenencias de Thomas en la maleta, y en otra ocasión anterior había comentado que Thomas apenas llevaba nada consigo al llegar al convento.
Comprensiblemente, Wilma se sintió intrigada y abrió el paquete, pero no contenía más que un rosario y una cruz de latón[391] y el diario de Thomas, escrito en taquigrafía, que se ha presentado en la primera parte de esta historia. En la primera página encontró su propio nombre.
Por la tarde, mientras Thomas dormía, Wilma comenzó a leer el diario, y lo que descubrió en él la asustó y la desconcertó a partes iguales. A pesar de que creyó que todo era producto de la imaginación de su pobre marido, no pudo evitar que la lectura la embargase de temor.