La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¿Por qué no dejas que Jane o Rosa la reemplacen durante una noche o dos —dijo St. Clare— para que ella descanse?
—¿Cómo puedes proponer tal cosa? —dijo Marie—. St. Clare, eres de lo más desconsiderado. Estoy tan nerviosa que cualquier susurro me molesta, y una mano extraña me volverÃa loca del todo. Si Mammy tuviera el interés por mà que debiera, se despertarÃa más fácilmente, ya lo creo. He oÃdo hablar de personas que han tenido a criados asÃ, pero yo no tengo tanta suerte y Marie suspiró.
La señorita Ophelia habÃa escuchado la conversación con un aire de gravedad astuta y observadora; y permaneció con los labios fuertemente apretados como si estuviera empeñada en averiguar exactamente qué terreno pisaba antes de comprometerse.