La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —SÃ, amita —dijo Topsy, con un hondo suspiro y una cara de lastimosa seriedad.
—Ahora, Topsy, mira esto: este es el dobladillo de la sábana; éste es el derecho y éste es el revés; ¿te acordarás?
—SÃ, amita —dijo Topsy, con otro suspiro.
—Bien, pues la sábana de abajo ha de colocarse encima de la almohada, de esta forma, y se remete muy suave y lisa bajo el colchón, asÃ, ¿lo ves?
—SÃ, amita —dijo Topsy, prestando gran atención.
—Pero la sábana de arriba —dijo la señorita Ophelia debe ponerse de esta manera y remeterse estirada y suave al pie, asÃ: entonces, el dobladillo estrecho al pie.
—SÃ, amita —dijo Topsy, igual que antes; pero añadiremos algo que no vio la señorita Ophelia: mientras ésta estaba de espaldas ocupada con el celo de su instrucción, la joven discÃpula habÃa conseguido hacerse con unos guantes y una cinta, que habÃa deslizado hábilmente en la manga, y ahora permanecÃa con las manos respetuosamente cruzadas como antes.
—Ahora, Topsy, veamos cómo lo haces tú —dijo la señorita Ophelia, deshaciendo la cama y sentándose.