La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¿No harÃa tambalear tu fe, Tom?
—Ni un ápice —dijo Tom.
—¡Pero, Tom, tú sabes que yo sé más que tú!
—Oh, amo, ¿no acaba usted de leer cómo Él se oculta a los sabios y los prudentes mientras que se revela a los infantes? Pero el amo no hablaba en seno, ¿verdad? —preguntó Tom ansiosamente.
—No, Tom. No es que no crea. Pienso que hay motivos para creer, pero no lo consigo. Es una costumbre molesta que he adquirido, Tom.
—Pero si el amo quisiera rezar…
—¿Cómo sabes que no lo hago, Tom?
—¿Lo hace?
—Lo harÃa, Tom, si hubiera alguien allà cuando rezo; pero es como hablar con la nada. Pero reza tú, Tom, y enséñame cómo.
El corazón de Tom estaba repleto; lo vació rezando, como si fuera agua que se ha retenido durante mucho tiempo. Una cosa estaba bastante clara: Tom sà creÃa que habÃa alguien escuchando, fuera verdad o no. De hecho, St. Clare se sintió transportado por la marea de su fe y sus sentimientos casi a las puertas del cielo que parecÃa ver con tanta claridad. ParecÃa acercarle más a Eva.
—Gracias, muchacho —dijo St. Clare, cuando Tom se levantó—. Me gusta escucharte, Tom, pero márchate ahora y déjame solo; en otra ocasión te hablaré más.