La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Ésta sirve —dijo Marie, eligiendo una—; pero no estoy muy segura de que sea de luto propiamente dicho.
—Caramba, señorita —dijo Jane muy parlanchina—, la viuda del general Derbennon llevaba esta misma tela cuando se murió el general el verano pasado y queda estupenda.
—¿Qué opinas tú? —preguntó Marie a la señorita Ophelia.
—Supongo que es cuestión de costumbres —dijo la señorita Ophelia—. Tú sabrás juzgarla mejor que yo.
—El caso es —dijo Marie— que no tengo un solo vestido que ponerme, y como voy a liquidar la casa y marcharme la próxima semana, debo decidirme por algo.
—¿Tan pronto te vas?
—SÃ. Ha escrito el hermano de St. Clare, y el abogado y él creen que hay que vender a los sirvientes y los muebles en subasta y dejar la casa en manos del abogado.
—Hay una cosa de la que quiero hablarte —dijo la señorita Ophelia—. Augustine le prometió a Tom la libertad y habÃa iniciado los trámites legales necesarios. Espero que utilices tus influencias para que los completen.