La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡Pero piensa en todas esas pobres criaturas! —dijo Cassy—. PodrÃamos liberarlos a todos, irnos a los pantanos, encontrar una isla y vivir solos. He oÃdo decir que se ha hecho antes. Cualquier vida es mejor que ésta.
—¡No! —dijo Tom con firmeza—. ¡No! Nunca sale nada bueno del mal. ¡PreferirÃa cortarme la mano derecha!
—Entonces lo haré yo —dijo Cassy, volviéndose.
—¡Ay, señorita Cassy! —dijo Tom, cerrándole el paso—. Por el amor del querido Señor que murió por usted, ¡no venda su preciosa alma al diablo de esa manera! No puede resultar nada bueno de ello. El Señor no nos predica la ira. Debemos sufrir y esperar hasta que le llegue la hora.
—¡Esperar! —dijo Cassy—. ¿No he esperado, acaso, hasta que me da vueltas la cabeza y me duele el corazón? ¡Lo que me ha hecho sufrir! ¡Lo que ha hecho sufrir a cientos de pobres criaturas! ¿No te está sangrando a ti gota a gota? ¡Ellos me han llamado y me llaman! ¡Ha llegado su hora y quiero la sangre de su corazón!