La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom La estrella matutina brilla ahora sobre las cimas de las montañas, y vientos y brisas, que no vienen de la tierra, señalan que se abren las puertas del amanecer.
La fuga de Cassy y Emmeline agudizó el ya hosco humor de Legree hasta un punto insoportable, y su furia, como era de esperar, cayó sobre la cabeza indefensa de Tom. Cuando Legree anunció apresuradamente la noticia entre los braceros, no se le escapó la repentina luz que se encendió en los ojos de Tom ni el involuntario movimiento de sus manos. Se dio cuenta de que no se unía a las filas de los perseguidores. Pensó obligarle a hacerlo, pero en vista de la pasada experiencia de su inflexibilidad al ordenarle participar en un acto inhumano, no quiso perder el tiempo en un enfrentamiento con él.
Por lo tanto, Tom se quedó en casa con unos pocos a quienes había enseñado a rezar, y ofrecieron plegarias por el éxito de la huida.
Cuando Legree regresó, perplejo y decepcionado, todo el odio acumulado durante mucho tiempo en su alma empezó a cobrar una forma desesperada y mortífera. ¿Este hombre no lo estaba desafiando, firme, constante e irresistiblemente, desde el día en que lo compró? ¿No tenía dentro de él un espíritu que, aunque en silencio, lo iba quemando como los fuegos de la perdición?