La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom ¿Estaba Tom solo, en la larga noche, mientras su espÃritu valiente y generoso soportó crueles golpes y brutales azotes en aquel viejo cobertizo?
¡No! A su lado habÃa uno a quien sólo él veÃa, «parecido al Hijo de Dios».
También estaba a su lado su tentador, cegado por una voluntad furiosa y despótica, urgiéndole a cada instante a evitar el sufrimiento traicionando a los inocentes. Pero el corazón valiente y leal estaba firmemente asentado sobre la Roca Eterna. SabÃa que, como su Amo, para salvar a los demás, no podÃa salvarse a sà mismo; y los sufrimientos extremos no le arrancaron más que palabras de plegaria y confianza divina.
—Está casi acabado, amo —dijo Sambo, conmovido a pesar suyo por la persistencia de su vÃctima.
—¡Sigue dándole hasta que se rinda! ¡Dale, dale! —gritaba Legree—. ¡Le sacaré cada gota de sangre si no confiesa!
Tom abrió los ojos y miró a su amo.
—¡Pobre criatura miserable! —dijo—, ya no puede hacer nada más. ¡Le perdono, desde el fondo de mi alma! y cayó desmayado.
—Creo que está acabado de verdad, por fin —dijo Legree, adelantándose para mirarlo—. SÃ, lo está. Bien, por lo menos tiene la boca cerrada, por fin: ¡es un alivio!