La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Sí, se durmió, pues estaba cansado; durmió profundamente. Pero finalmente apareció una sombra en su sueño, un espanto, la aprensión de algo terrible que pendía sobre él. Era la mortaja de su madre, pensó; pero la sujetaba Cassy, la levantaba para mostrársela. Oyó un ruido confuso de gritos y gemidos; así y todo, sabía que dormía, e intentó despertarse. Estaba medio despierto. Estaba seguro de que algo entraba en su habitación. Sabía que se abría la puerta, pero no podía mover ni las manos ni los pies. Por fin se volvió, sobresaltado. ¡La puerta estaba abierta y vio cómo una mano apagaba la luz!
Era una noche brumosa y nublada, iluminada a ratos por la luna y ¡allí estaba! Algo blanco se deslizaba dentro de la habitación. Oyó el suave crujido de su vestimenta fantasmal. Se paró junto a su cama; una mano fría tocó la suya; una voz dijo tres veces con un susurro quedo y espantoso: «¡Ven, ven, ven!». Y mientras él sudaba, paralizado de terror, de repente, sin saber cuándo ni cómo, la cosa desapareció. Saltó de la cama y forcejeó con la puerta. Estaba cerrada con llave. El hombre cayó desmayado al suelo.
Después de esto, Legree empezó a beber aun más que antes. Ya no bebía con cautela y prudencia, sino incauta y temerariamente.