La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom La justicia también obliga a la autora a decir que la imparcialidad y la generosidad atribuidas a St. Clare tampoco carecían de parangón, como se puede deducir de esta anécdota. Hace unos años, un joven caballero del sur se encontraba en Cincinnati con un criado favorito, que había sido su asistente personal desde la niñez. El joven esclavo aprovechó la oportunidad para procurar su libertad, huyendo a ponerse bajo la protección de un cuáquero bastante conocido por casos semejantes. El amo se indignó muchísimo. Siempre había tratado al esclavo con tanta indulgencia y tenía tanta confianza en su afecto que creía que alguien le había debido de influir para inducirle a sublevarse contra él. Fue muy airado a visitar al cuáquero, pero, al ser extraordinariamente imparcial y justo, los argumentos y las exposiciones de éste enseguida lo aplacaron. Nunca había oído los argumentos de los otros implicados en el tema de la esclavitud y nunca había pensado en ellos; inmediatamente le dijo al cuáquero que si el esclavo estaba dispuesto a decirle a su propia cara que quería ser libre, lo emanciparía en el acto. Así que se concertó una entrevista y a Nathan le preguntó su joven amo si tenía motivos para quejarse de cualquier aspecto del trato recibido.
—No, amo —dijo Nathan—. Siempre se ha portado usted bien conmigo.
—Entonces, ¿por qué quieres dejarme?