Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XIX. A partir de entonces reprimió los desórdenes, los proyectos de golpe de Estado y las numerosas conjuraciones, así que se detectaba algún indicio de ello y antes de que cogiesen fuerza. Se produjeron diversos intentos en diversas épocas: el del joven Lépido; más tarde, el de Varrón Murena y Fanio Cepión; luego el de M. Egnacio; posteriormente, el de Plaucio Rufo y Lucio Paulo, el marido de su nieta[25]. Además de éstos, el de L. Audasio, un sujeto gastado ya por la edad y los achaques, acusado de falsificar libros de contabilidad; también el de Asinio Epicado, individuo híbrido[26] de ascendencia parta, y, por fin, el de Télefo, un esclavo de su mujer encargado de anunciar a los visitantes. En efecto, tampoco se vio libre de riesgos y conspiraciones por parte de hombres de la más baja condición. Audasio y Epicado habían planeado sacar a la fuerza a su hija Julia y a su nieto Agripa de las islas donde estaban desterrados, para presentarlos al ejército; y Télefo, convencido de estar destinado por los hados a ostentar el poder supremo, planeaba atacar a Augusto y al Senado. Más aún, en cierta ocasión, por la noche, se detuvo a un cantinero del ejército ilírico, armado con un machete de caza, que había burlado a los guardias de las puertas de su dormitorio; no sabemos si estaba verdaderamente loco o simplemente lo fingía; nada se le pudo arrancar, ni con tortura, con respecto a esta cuestión.