Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XX. Ya en posesión de su cargo, dispuso, cosa que nadie había hecho con anterioridad, que de las diarias sesiones, tanto del Senado como de la asamblea del pueblo, se levantasen actas y se publicasen. También restableció la antigua costumbre de que el cónsul, durante el mes que no tenía derecho a las fasces[21], fuera precedido de un ujier y seguido de los lictores. Por otra parte, con ocasión de haber promulgado una ley agraria, hizo expulsar del foro, por las armas, a su colega que se oponía a ésta y, al día siguiente, cuando éste presentó sus quejas en el Senado sin encontrar a nadie que se atreviera a denunciar semejante desafuero o a proponer una sanción como las muchas que frecuentemente se habían decretado por altercados menos graves, se sumió en tal estado de decaimiento que, durante el resto de su magistratura, encerrado en su casa, se limitó únicamente a manifestar su oposición mediante edictos. En consecuencia, a partir de entonces, César gobernó él solo el Estado en su totalidad y a su antojo, hasta el punto de que algunos conciudadanos, cuando para dar fe firmaban algún documento, escribían, en plan de guasa, que el tal documento había sido rubricado, no durante el consulado de César y Bíbulo, sino durante el consulado de Julio y de César, citando dos veces al mismo cónsul por su nombre y por su sobrenombre; muy pronto se hicieron también populares estos versos por todas partes: