Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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La campiña de Stella[22], declarada propiedad del Estado por nuestros antepasados, y el territorio de Campania, dejado en arriendo a fin de obtener ingresos para el Estado, los repartió sin sorteo entre veinte mil ciudadanos que tuviesen tres o más hijos. A los arrendadores que solicitaban una rebaja de sus deudas, les perdonó una tercera parte de ellas, pero les advirtió públicamente que no pujaran en exceso en la subasta de los próximos impuestos[23]. Concedió, además, con prodigalidad y sin que nadie se opusiese los diferentes caprichos que todos le solicitaban y, si alguien se oponía, era silenciado por medio del terror. Ordenó que un lector expulsase de la Curia a Marco Catón, que le ponía objeciones, y lo metió en la cárcel. A Lucio Lúculo, que le contrariaba con excesiva libertad, lo aterrorizó hasta tal punto con la amenaza de falsas acusaciones que espontáneamente se arrojó a sus rodillas. Por lamentarse Cicerón durante un juicio de la situación política del momento, aquel mismo día a la hora nona, hizo pasar a Publio Clodio, acérrimo enemigo de Cicerón, de la clase patricia a la plebeya, favor que Clodio pretendía sin éxito desde hacía mucho tiempo[24]. Finalmente, para atacar en general a todos los miembros del partido contrario, sobornó a un delator para que confesase que algunos de ellos le habían instado a asesinar a Pompeyo y, para que, cuando fuese conducido ante la tribuna de los oradores, diera a conocer, conforme a lo pactado, los nombres de los instigadores. Pero, al equivocarse en un par de nombres y sospecharse el fraude, perdiendo César la esperanza del buen éxito de su temeraria intriga, se cree que asesinó al delator envenenándolo.


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