Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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LXXII. Durante todos los años que duró su retiro, tan sólo en dos ocasiones tuvo intención de regresar a Roma. La primera, se trasladó en una trirreme hasta los jardines cercanos al lago artificial[85] donde se representaban batallas navales, después de situar un destacamento en las orillas del Tíber para alejar a los que salían a su encuentro. La segunda, se acercó por la vía Apia hasta el séptimo miliario. En ambas ocasiones, no obstante, después de divisar las murallas de Roma, regresó sin franquearlas. No se sabe qué razón le impulsó a ello la primera vez, pero, la segunda, fue el sentirse aterrado por el siguiente prodigio: solía Tiberio entretenerse con una serpiente dragón, pero, cuando, según su costumbre, le iba a dar de comer con sus propias manos, la encontró devorada por las hormigas. Se le advirtió entonces que se precaviese del poder de las masas. Así pues, regresando precipitadamente a Campania, cayó enfermo en Astura, desde donde, tras una leve mejoría, se dirigió a Circeyos. Aquí, para evitar cualquier sospecha de enfermedad, no sólo participó en unos juegos castrenses, sino que incluso lanceó desde la grada a un jabalí que soltaron en la arena del circo. Afectado al instante por un agudo dolor en el costado, un golpe de aire, al estar él sumamente acalorado, le provocó una recaída mucho más grave. Resistió, sin embargo, algunos días y, a pesar de trasladarse a continuación a Miseno, no dejó de atender a ninguno de sus quehaceres habituales, ni tan sólo a los banquetes o a los restantes placeres, en parte por intemperancia y en parte para disimular. Así pues, cuando su médico Caricles, al levantarse de un banquete, le tomó la mano para besársela, pues pensaba marchar de viaje, creyendo Tiberio que había querido tomarle el pulso, le rogó que se quedara y permaneciera recostado con él y prolongó largo rato la cena. Ni siquiera entonces abandonó su costumbre de llamar por su nombre a cada uno de sus invitados, cuando éstos se despedían, plantado en pie en medio del comedor y acompañado por un lictor.


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