Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares Por mi parte, yo he encontrado en las actas oficiales que fue dado a luz en Ancio. Plinio desmiente a Getúlico, tachándole de haber mentido para adular al emperador —como si el hecho de haber nacido en la sagrada ciudad de Hércules acrecentase los elogios de aquel joven emperador, ávido de gloria— y de haberse reafirmado en su mentira con el mayor descaro, aprovechándose de que un año antes, en TÃvoli, le habÃa nacido a Germánico un hijo, llamado también Cayo César, acerca de cuya amable infancia y prematura muerte hemos hablado hace poco[12]. La cronologÃa de los acontecimientos contradice, no obstante, a Plinio. Los cronistas, en efecto, de la historia de Augusto coinciden en que Germánico fue enviado a la Galia, al acabar su consulado, cuando ya habÃa nacido Cayo. Y tampoco la inscripción grabada en el altar contribuye en modo alguno a sostener la opinión de Plinio, pues Agripina parió dos hijas en aquella región[13] y cualquier parto, sin distinción de sexo, recibe el nombre de puerperio, ya que nuestros mayores solÃan llamar también pueras a las niñas, de la misma forma que llamaban puellos a los niños[14]. Se conserva también una carta de Augusto a su nieta Agripina, escrita pocos meses antes de su muerte, en la que alude a este Cayo[15] —pues en aquel momento no sobrevivÃa ya ningún otro niño con ese mismo nombre—: «Ayer ordené que Talario y Asilo, si los dioses lo permiten, te devuelvan tu hijo Cayo el dÃa 15 antes de las calendas de junio. Con él, te envÃo, además, un médico, que es uno de mis esclavos, y ya le he escrito a Germánico que, si quiere, puede retenerlo. Cúidate, querida Agripina, y procura llegar con perfecta salud junto a tu querido Germánico». Opino, pues, que queda suficientemente probado que Cayo no pudo nacer en un lugar adonde fue llevado desde Roma por primera vez cuando tenÃa casi dos años de edad. Estos mismos hechos menoscaban también la credibilidad de aquellos versos, máxime al ser anónimos. Asà pues, tenemos que seguir la única opinión que nos queda y que es, además, la de un documento oficial[16]; especialmente cuando Cayo prefirió siempre el ya mencionado Ancio a cualquier otro sitio y lugar de descanso, amándolo como es normal que se ame a la propia tierra natal, y cuando sabemos que tenÃa pensado trasladar allà la sede y el centro del Imperio, ante su hastÃo de Roma.