Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XXIV. Mas cuando Lucio Domicio, candidato al consulado, le amenazó abiertamente que, como cónsul, llevaría a cabo lo que no había conseguido hacer como pretor y que le privaría de sus ejércitos, convenció a Craso y Pompeyo, a quienes había convocado en Luca[28], ciudad de su provincia, para que presentaran su candidatura a un segundo consulado con el fin de desbancar a Domicio; gracias a ambos consiguió, además, que se prorrogase su mandato durante cinco años. Con esta confianza, a las legiones que le había otorgado la República, añadió otras, a expensas suyas, e incluso reclutó otra más en la Galia Transalpina —denominada con un término galo, pues se llamaba «Alauda»[29]—, a toda la cual, instruida en la disciplina y cultura romanas, le otorgó posteriormente la ciudadanía romana. A partir de entonces no dejó pasar ninguna ocasión de entrar en guerra, por injusta y peligrosa que fuera, hostigando, por propia iniciativa y por un igual, a naciones aliadas, enemigas o salvajes, hasta el punto de que en determinado momento el Senado decidió que debía enviarse una legación para investigar la situación en las Galias y algunos opinaron que se debía entregar a César al enemigo[30]. Pero, ante los repetidos éxitos de sus campañas, obtuvo públicas rogativas en su honor, más frecuentes y prolongadas que ningún otro.