Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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XII. Parco y comedido en su propia ostentación, se abstuvo del título de imperator, rechazó los honores excesivos y celebró los esponsales de su hija y el nacimiento de su nieto con total discreción y con una simple fiesta doméstica. No hizo regresar a ningún desterrado, a no ser con la autorización del Senado. Obtuvo a fuerza de ruegos que se le permitiera llevar consigo en el interior de la Curia, a modo de escolta, al prefecto del pretorio y a los tribunos militares, así como que tuvieran fuerza de ley las sentencias que dictasen sus procuradores[18]. Solicitó licencia a los cónsules para celebrar mercados en sus fincas privadas. Intervino con frecuencia, como un asesor más, en los procesos judiciales instruidos por magistrados y, cuando éstos ofrecían algún espectáculo, les mostraba el debido respeto, levantándose también él para aclamarlos y saludarlos con los demás espectadores. Una vez que los tribunos de la plebe se presentaron ante su tribunal, se excusó de que, debido a la estrechez del lugar, no alcanzaba a oírlos, si no permanecían en pie. Por todo lo cual, en poco tiempo se granjeó tanto afecto y favor popular que, cuando se anunció que en un viaje a Ostia había muerto en una emboscada, el pueblo, absolutamente consternado, tratando al ejército de traidor y al Senado de parricida, no cesó de injuriar a todos ellos con durísimos improperios hasta que, primero uno, después otro y finalmente muchos de los magistrados, se subieron a la tribuna y confirmaron que se hallaba a salvo y estaba ya cerca de Roma.


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