Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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LXIV. En Alejandría, durante el asalto a un puente, fue rechazado hasta una barquichuela por una repentina salida de los enemigos y, habiéndose lanzado al agua debido a la avalancha de soldados que también la abordaron, escapó hasta la nave más próxima, recorriendo a nado más de 200 pasos[56], con la mano izquierda levantada, para que no se mojasen los documentos que llevaba en ella, y arrastrando con los dientes su manto de general, para que el enemigo no se apoderase de ese botín de guerra.

LXV. No juzgaba a sus soldados ni por sus costumbres ni por sus éxitos, sino únicamente por su coraje, y los trataba con igual severidad que indulgencia. No en todas partes y siempre se mostraba intransigente con ellos, sino cuando estaba cerca del enemigo; entonces exigía la disciplina con el máximo rigor; no anunciaba la hora de iniciar la marcha ni la de entablar combate, sino que, preparados y alerta en todo momento, los hacía ir súbitamente adonde él creía oportuno. Hacía esto con frecuencia y sin motivo, especialmente en días lluviosos y festivos. También, de vez en cuando, tras advertirles que no debían perderlo de vista, durante el día o por la noche se marchaba inesperadamente y aceleraba la marcha para cansar a los que se hubieran retrasado en seguirlo.



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